02 de diciembre de 2021

 

Las invisibles cicatrices causadas por la tolerancia patriarcal de la violencia machista en Bosnia-Herzegovina

 

Mujeres víctimas de violencia denuncian el desinterés de la Policía en su lucha
Un pequeño retrato de Balkan Diskurs

Escrito por Balkan Diskurs
Un pequeño retrato de Lourdes Sada

Traducido por Lourdes Sada

Este artículo de Amina Sejfić apareció originalmente en Balkan Diskurs, proyecto del Post-Conflict Research Center (PCRC). Global Voices publica aquí una versión editada dentro de un acuerdo de contenidos compartidos.

Debido a la enraizada estructura patriarcal de la sociedad de Bosnia Herzegovina, la violencia doméstica se percibe a menudo como una medida correctiva de los fuertes a los débiles y que no debe salir de los límites del hogar. Mientras la sociedad cierra los ojos ante este creciente problema, el silencio grita tras las puertas cerradas, y condena a las víctimas a luchar solas contra los perpetradores.

La violencia de género en el discurso público tiene una forma reconocible: moratones, heridas abiertas, cortes en los labios, cabellos alborotados, huesos rotos, miradas fijas, ojos bajos. Pero algunas magulladuras no son visibles, son heridas que solo una persona conoce, una mirada disfrazada de vida normal.

Aunque existe un marco legal bastante satisfactorio para procesar la violencia de género en Bosnia Herzegovina, en la práctica las cosas no van en la dirección correcta. Una protección inadecuada, la desconfianza en el trabajo de las instituciones competentes, la falta de un sistema unificado para recopilar datos de las víctimas de violencia machista y el hecho de que las víctimas rechacen esta violencia y no la denuncien, con frecuencia las conduce a un viaje sin retorno

La violencia machista económica y psicológica es un problema de ambos sexos
Los cuatro tipos de violencia más conocidos que constituyen la violencia machista son la física, la psicológica, la sexual y la económica. Durante mucho tiempo se han ignorado la violencia económica y la psicológica, categorías reconocidas hace relativamente poco que a menudo se ven eclipsadas por la violencia física y la sexual, mucho más visibles.

La violencia queda más disimulada cuando se ejerce en forma de control total o parcial del dinero, prohibición de trabajar, sabotaje de los intentos de mantener un trabajo y disminución verbal del valor de la mujer.

Nura* (53 años) cuenta que la vida con sus padres era extremadamente difícil y que la casaron cuando aún no tenía 18 años. Entonces fue cuando empezó su pesadilla.

Traducción Cita original
Cuando me casé, él me dijo inmediatamente que el lugar de una mujer es el hogar. Me dediqué a cuidar de él y de sus padres, pero era demasiado tacaño para darme un marco bosnio. También me pegaba, pero el auténtico caos comenzó tras la muerte de sus padres. Yo nunca fui lo suficientemente buena para él después de que murieron. Me culpaba de todo, y se hicieron más frecuentes las palizas y las humillaciones.

Nura no está sola con su historia. Muchas mujeres comparten su destino. Ajla Aljić (24 años) es una de ellas.

«La primera vez que experimenté la violencia fue después de casarme, a los 20 años. Mi marido era el que la ejercía, pero al principio yo no era consciente de lo que estaba sucediendo», dice Aljić, expresando su convicción de que las cosas cambiarían, pero solo empeoraron con el tiempo. «Si no podía enfrentarse a mí con palabras, recurría al acoso físico», dice.

Según un estudio de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa – OSCE publicado en 2019, la violencia psicológica parece ser la forma más extendida de violencia contra la mujer. De unas 640 000 mujeres que participaron en la investigación, hasta un 36 % eran víctimas de violencia psicológica, y un 12 % sufrían violencia económica.

La incidencia de estas dos formas de violencia es mayor entre las mujeres que viven en hogares más desfavorecidos, entre las que aprueban las actitudes patriarcales y entre mujeres cuyas parejas tienen problemas con el alcohol y las drogas.

El papel tradicional de la mujer
«Cuando un hombre no puede satisfacer su rol como proveedor de la familia, externaliza sus frustraciones a través de la violencia machista», explica Lejla Mušić, profesora de la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad de Sarajevo.

La violencia psicológica y la económica son formas punibles de violencia según la ley de Bosnia Herzegovina. También están reconocidas como formas punibles de violencia por numerosos tratados internacionales ratificados por el Estado. Pero estos dos tipos de violencia no suelen ser reconocidos por el público a causa de la estructura patriarcal de la sociedad, que asigna al hombre el control del dinero y el mantenimiento de la familia. Aunque la actual situación de las mujeres en Bosnia Herzegovina es más favorable que en en el pasado, todavía no es satisfactorio.

«Las mujeres enfrentan distintas dificultades en todas las esferas de la sociedad, y siguen teniendo roles tradicionales, sobre todo en zonas rurales, donde a menudo se exponen a múltiples formas de violencia doméstica», dice Sanja Sahačić, psicóloga y coordinadora de Safe House («Casa Segura») en Sarajevo.

«Me prohibió ver a mi familia. Solo veía a mis padres cuando él me lo permitía. Todo lo que él ganaba lo gastaba en alcohol, y se esperaba que yo pusiera comida en la mesa todos los días», dice Nura, y añade que no tenía salida porque la violencia de su marido «la avergonzaba».

Cuando Ajla decidió abandonar con sus dos hijos (una niña de dos años y un bebé de un mes) la vida que había llevado durante cuatro años, no tenía trabajo fijo, ni casa, ni coche. Pero tenía que hacerlo por los niños.

Había comenzado a esclavizarme, a convertirme en alguien que no era yo. Me hizo una persona deprimida, y yo se lo permití. Decidí que esto era demasiado para los niños. No quería que crecieran pensando que eso era lo normal», dice Aljić, e incide en que tenemos la obligación de dar a nuestros hijos una vida feliz con amor, educación y seguridad. «Nuestros hijos no están seguros si tú no estás segura, si ven a su padre maltratarte».

El silencio no es oro
Siglos de una mentalidad moldeada por el miedo a lo desconocido han barrido la violencia machista bajo la alfombra. Sahačić insiste en el papel crítico de los medios al responder a este problema porque «hay que animar a las mujeres a denunciar la violencia, y los ciudadanos deben estar sensibilizados ante la violencia de género».

Con frecuencia, las mujeres víctimas de violencia tienen sentimientos de inseguridad, culpa, temor y una sensación de pérdida. También sufren una crucial falta de información sobre los medios disponibles para pedir ayuda. La violencia machista se considera a menudo «un problema de mujeres» debido a un inadecuado tratamiento por parte de los medios y al fracaso sistemático del Estado en su respuesta.

Ajla Aljić señala que denunció a su marido ante la Policía, que se mostró «fría y desinteresada».

Vulnerabilidad en el mercado laboral aumenta la vulnerabilidad en la pareja
La violencia económica y psicológica se basa en el control de otra persona. Controlar total o parcialmente las finanzas de alguien es violencia económica. Puesto que las sobrevivientes dependen económicamente de los perpetradores, no pueden salir fácilmente de la relación, sobre todo cuando no tienen a quién recurrir. La violencia económica se acompaña a menudo de manipulación, insultos, chantaje y amenazas, y suele dejarlas sin apoyo. La vulnerabilidad en el mercado laboral también incrementa la vulnerabilidad en la pareja.

El refugio Safe House de Sarajevo, que ha acogido a 2138 beneficiarios desde su establecimiento (771 mujeres, 1013 niños y 354 chicas), lleva a cabo actividades económicas para empoderar a las mujeres. Sahačić insiste en que reducir la desigualdad entre hombres y mujeres en el mercado laboral contribuye necesariamente al empoderamiento de las mujeres.

El Centro para Mujeres de la Foundation of Local Democracy («Fundación de Democracia Local») da formación a las mujeres para ayudarlas a desarrollar ideas empresariales, y a menudo les ofrece apoyo financiero.

Considerando todas las desventajas que el mercado laboral tiene para las mujeres —dificultad para encontrar trabajo por ser mujer, horas extras, trabajo mal pagado, percepción discriminatoria contra las mujeres en la sociedad—, ninguna forma de violencia existente debe seguir siendo privada.

Según la profesora Mušić, la imagen discriminatoria que las mujeres tienen en el discurso público reduce el valor de las mujeres a su belleza física. Estas ideas patriarcales se perpetúan cuando hay pocas mujeres en el poder.

*Nura es un pseudónimo destinado a proteger la identidad de nuestra interlocutora.
 

 

 

LIBROS: La bandera del arcoíris ondea en el reino animal

 

El mundo de los animales ha sido utilizado para justificar toda clase de conductas o atributos de la sociedad humana, desde el egoísmo a la solidaridad, pasando por la violencia, la subordinación de la mujer, el racismo o la transexualidad. Este último tema —o, más precisamente, el transgenerismo— es abordado en El arcoíris de la evolución por Joan Roughgarden, ecóloga evolutiva.

La teoría de la selección sexual de Darwin —un pilar de la teoría de la evolución— promueve un concepto de sexualidad 'normal' que ha sido utilizado para denigrar toda conducta humana que se aparte del obligado patrón heterosexual.

Tal es el punto de partida de esta obra de Joan Roughgarden en la que, además de señalar las lagunas y contradicciones del enfoque darwinista, intenta ofrecer una alternativa superadora.

Recordemos que, de acuerdo con Darwin, determinados rasgos de los animales que no parecen tener ningún valor de cara a la supervivencia —la vistosa cola del pavo real macho, el ejemplo más célebre— se explican por su función de reclamo para atraer miembros del sexo opuesto y, de esa manera, asegurar la transmisión de sus genes.

Para cuestionar dicho enfoque, la autora avanza por la senda desbrozada por Bruce Bagemihl, cuyo libro Biological Exuberance sacó del armario a un tropel de especies que practican la homosexualidad y la bisexualidad.

Demoliendo los estereotipos
En el presente trabajo desarrolla su argumento en tres niveles: la diversidad sexual en los animales; la diversidad en la biología humana; y los roles de género en las sociedades humanas. De entrada, cataloga casi 300 especies de vertebrados capaces de cambiar de sexo (como la hembra del ave wrasse de cabeza azul) o de entablar relaciones homosexuales, o son lisa y llanamente hermafroditas.

De pasada, y con el propósito de demoler los estereotipos de masculinidad y feminidad proyectados sobre el orden natural, documenta que ni todas las hembras son pequeñas y sumisas, ni todos los machos grandes y dominantes.

Para la ecóloga estadounidense, los neodarwinistas exageran el papel explicativo de la agresividad y la competencia, y subestiman la cooperación.

Sostiene que la evolución procede mediante adaptaciones adaptativas efectuadas de modo grupal y no individual, un proceso al que denomina el “arcoíris de la evolución”. Y se vale de la bandera LGTBI para referirse a un tipo de selección social que implica uniones entre individuos del mismo sexo y la pertenencia a grupos para acceder al control de recursos. La eficacia de esta interacción social —siempre según Roughgarden—, es la fuerza motriz que asegura la transmisión del ADN de un espécimen a la siguiente generación.

Interesa destacar que la autora se inspira en el énfasis puesto en la cooperación y la negociación por John Nash en su teoría de los juegos.

https://www.agenciasinc.es/Opinion/La-bandera-del-arcoiris-ondea-en-el-reino-animal#:~:text=De%20aqu%C3%AD%20viene,Derechos%3A%20Creative%20Commons 
 

 

 

Los Diablos de Teloloapan, tradición de raíz insurgente en Guerrero

Los Diablos de Teloloapan fueron hombres campesinos y esclavos que eligieron valientemente luchar en la Guerra de Independencia para liberar a su pueblo.

28 de octubre de 2021.- En Teloloapan, Guerrero, existe una tradición única que consiste en un concurso en el que los participantes portan máscaras de madera que llegan a medir hasta un metro de alto, a la vez que, al ritmo de la música, bailan y exponen su gracia, habilidades físicas y capacidad en el manejo del chicote para demostrar que son el mejor “diablo”.

Pese a su nombre, los Diablos de Teloloapan no representan al demonio o la maldad, sino al espíritu rebelde de un grupo de pobladores de Teloloapan que participaron en una revuelta en la última etapa de la lucha por la independencia de México. Dicho levantamiento local ha perdurado en la memoria colectiva de los pobladores y configura parte de su imaginario patriótico.

De acuerdo con la tradición oral, los Diablos de Teloloapan fueron hombres campesinos y esclavos que, comandados por el general Pedro Ascencio de Alquisiras, considerado brazo derecho de Vicente Guerrero, eligieron valientemente luchar en la Guerra de Independencia para liberar a su pueblo de la colonia, pues las carencias y condiciones de vida inhumanas eran el común denominador en la Nueva España, cuyos pobladores vivían en condiciones de desigualdad y opresión, principalmente indígenas, afrodescendientes y mestizos.

Por esta razón, Pedro Ascencio de Alquisiras decidió tomar la población de Teloloapan para el ejército insurgente; no obstante, fue emboscado y sus tropas fueron sitiadas por los realistas. Dicho cerco, impedía salir a los rebeldes y a la población indígena.

Frente a este reto, Ascencio de Alquisiras maquinó una estrategia de guerra inspirada en la tradición ancestral de sus abuelos: elaboró cueras de gamuza de venado, máscaras y chicotes tejidos con ixtle en cuya punta llevaban una pajuela, por lo que al ser hondeados tronaban como bala al viento. Ascencio entrenó a su tropa en el manejo del chicote y los preparó para una estrategia de asalto, la cual se llevaría a cabo durante la noche para dar un toque tétrico y así parecer “entes infernales enviados del mal”.

Las mujeres, libres de la sospecha de los realistas, fueron las encargadas de proporcionar la madera de colorín para tallar las máscaras; además, corrieron el rumor de que el demonio rondaba Teloloapan y que brotaría de la tierra. Muchos realistas creyeron esta historia.

Los Diablos de Teloloapan se armaron con una máscara, un vestido de cuero y un chicote de ixtle en una noche en la que, prendiendo otates, produciendo sonidos que imitaban el bufido de los animales y tronando sus chicotes, aparecieron repentinamente y se distribuyeron por el pueblo. Su inesperada irrupción sorprendió y asustó a los guardias enemigos, quienes cayeron bajo las “balas” de los Diablos de Teloloapan. De esta forma, los insurgentes lograron romper el sitio para liberar a indígenas y esclavos.

Esta primera victoria ocurrió el 18 de septiembre de 1818; por ello, cada año se conmemora esta gesta heroica en Teloloapan, Guerrero, con el tradicional concurso de Diablos de Teloloapan, en el que jóvenes lucen elaboradas máscaras, cuyos significados, manufactura y decoración se han transformado con el tiempo.

La antropóloga Anne Johnson señala que algunos mascareros, con el objetivo de plasmar la historia en sus piezas, comenzaron a decorar sus máscaras con personajes como Miguel Hidalgo y Pedro Ascencio. Asimismo, apunta que a finales del siglo XX, comenzaron a pintarse algunas imágenes que para entonces ya formaban parte del imaginario y la identidad nacional, como el águila sobre el nopal, el guerrero jaguar y el abrazo de Acatempan. Esta incorporación hizo que las representaciones visuales se hicieran más diversas y que las dimensiones de las máscaras aumentaran.

De acuerdo con Johnson, esta tradición es una muestra de la visión local del pasado a partir de la memoria, donde prácticas teatrales y performativas —como el concurso de máscaras— dan su propia versión de los hechos haciendo referencia a la historia académica.

“Se trata de un patriotismo muy interesante, porque existe la idea, no solamente en la región sino a nivel estatal, de que en Guerrero se forjó la patria, pero que la victoria aún no ha llegado para ellos. Esa ambivalencia que combina el orgullo por el aporte local a la nación con una crítica al Estado y a las instituciones está presente en esos actos”, explica Anne Johnson, doctora en antropología social y autorra del libro ‘Diablos, insurgentes e indios. Poética y política de la historia en el norte de Guerrero’.
 

 

 

ADEMÁS DE UN ARTE, LA MÚSICA ES UNA FORMA DE VIVIR

 

• En el mundo, los mexicanos son quienes más la escuchan, 25.6 horas a la semana; cifra superior al promedio global, 18
• México es un país con riqueza musical enorme; un “laboratorio histórico” de influencias
• El pop/contemporáneo, rock/alternativo/indie y la urbana, géneros predilectos
• Durante la pandemia ofrece esperanza y alegría a la gente, considera José Miguel Ordóñez Gómez
• Durante 2020, la industria de los conciertos registró, a escala global, pérdidas por 30 mil millones de dólares
• El 22 de noviembre se celebra el Día Internacional del Músico

Mezcla de sonidos y silencios, la música es una de las bellas artes, encierra emociones y, en especial, evocaciones. Por ello se dice que “a veces llamamos música a lo que en realidad es escuchar recuerdos”; sensibiliza y produce diferentes estados de ánimo.

Es considerada uno de los factores que causa mayor placer, porque escucharla favorece la producción del neurotransmisor llamado dopamina, que también se genera con la comida o el sexo.

México es el país que más la consume. De acuerdo con un estudio de la Federación Internacional de la Industria Fonográfica (IFPI, por sus siglas en inglés), oímos, en promedio, 25.6 horas a la semana, cifra por encima del promedio mundial de 18 horas.

Durante la pandemia ayuda a superar momentos complicados. “Nos confinamos en nuestras casas con cierto miedo e inseguridad, sin saber qué es lo que iba a pasar, o qué tan terrible era esta enfermedad, con noticias de fallecimientos y cómo iban al alza los contagios. En esa ‘deriva emocional’, en medio de la incertidumbre, las artes tuvieron un papel importante en llevar esperanza y alegría a la gente”, considera José Miguel Ordóñez Gómez.

El académico de la Facultad de Música (FaM) señala que una pieza o canción que nos gusta es un refugio emotivo. De alguna manera la contribuye a hacer que las personas disminuyan su tensión, al ser una experiencia profundamente emocional que lleva a mejorar la vida en esta época de pandemia.

Con motivo del Día Internacional del Músico, que se celebra el 22 de noviembre, fecha en la cual se conmemora a Santa Cecilia, patrona de quienes se dedican a esta actividad, el guitarrista clásico agrega que este arte tiene la capacidad de representar colectividades y expresar formas de ver el mundo. En ese sentido, su función social es importante al ser generadora de identidades y permitir a los individuos identificarse con ciertos colectivos, actitudes, valores e ideales.

Se trata de una práctica artística que es rica y compleja, donde existen diversas maneras de realizarla, así como géneros musicales: clásica, popular, tradicional, la que emplea nuevas tecnologías o la experimental, así como infinidad de “practicantes”, como el compositor, interprete, productor o un disc jockey (DJ); también quien la investiga y la enseña.

De acuerdo con José Miguel Ordóñez, es difícil saber con exactitud cuántos géneros musicales existen porque la música está viva y es dinámica; los estilos se mezclan, influyen unos a otros, y surgen nuevos. En tradiciones como el jazz, rock o la electrónica de baile, por mencionar algunos, hay numerosos estilos y fusiones constantes.

A la par de la creación de nuevos géneros, los que existen se transforman y adaptan a las realidades actuales, así ocurre con el corrido, bolero o el son jarocho, el cual ahora tiene una influencia importante en Estados Unidos y aglutina a comunidades mexicanas y latinas, por ejemplo.

Además, la tecnología de la grabación y sobre todo la digitalización y el internet permiten a la gente acceder a las de otras culturas y lugares. Hay un intercambio dinámico de las producciones de colectivos y grupos sociales. La tecnología es otro elemento que ayuda a la innovación, aclara el universitario.

¿Cuál es la mejor?

José Miguel Ordóñez expone que existe el interés por estudiar los gustos o preferencias musicales. Se sabe que están relacionados con el entorno social y cultural de los individuos, además de variables como la edad, género, etcétera. Sin embargo, a partir de la sociología del consumo se advierte que los gustos son cada vez más variados y resulta difícil mostrar una correlación absoluta entre nivel socioeconómico y cultural con gusto musical.

La idea de que a determinados estratos sociales o personas de cierto nivel de educación les correspondería un tipo de música puede no ser del todo correcta. “Quizá no es lo mismo escuchar a Mozart que Cumbia Sonidera, pero eso no es algo marcado por las barreras del ‘buen’ o ‘mal’ gusto”.

El blues era considerado “vulgar”, el tango y el bolero de barriada, populares o de sectores marginados; incluso, también el jazz. En un contexto histórico, los géneros se transforman y algunos adquieren mayor trascendencia y prestigio, precisa el experto.

Cada quien escucha lo que le gusta, lo que está cercano a sus vivencias, aspiraciones y formas de ver el mundo, eso es lo que le da sentido, la cual tiene valor en un entorno y de acuerdo con éste se entiende por qué ciertos géneros son importantes para algunos, afirma Ordóñez Gómez.

Según la Encuesta Mundial de Consumidores del portal de estadística Statista, basada en ocho géneros musicales, los predilectos de los mexicanos son: pop/contemporáneo (54 por ciento); rock/alternativo/indie (53 por ciento) y música urbana (42 por ciento).

Escuchamos nuestros acordes favoritos, sobre todo camino al trabajo (52 por ciento) y al realizar ejercicio (45 por ciento). Además, aproximadamente 60 por ciento usa algún servicio de streaming o red social, como YouTube.

En ese sentido, Ordóñez Gómez considera que no se puede dividir en “mejor” o “peor” en términos absolutos; tampoco realizar un juicio de valor tajante.

México es un país con riqueza musical enorme; un “laboratorio histórico” de influencias. Cuando llegaron los españoles y esclavos de África, la trajeron así como instrumentos que se fusionaron con la herencia indígena.

No obstante, opina el guitarrista, hace falta establecer una interacción más vigorosa entre la academia y las músicas populares como ocurre en otros países, como Cuba. Además, impulsar la educación musical a partir de edades tempranas, a fin de detectar talentos.

Para el especialista, la enseñanza artística y la filosófica se han dejado de lado por intereses pragmáticos, cuando en su centro debería estar el individuo que contribuya a la sociedad y sea consciente de que somos parte de un mismo conglomerado social.

La falta de materias como éstas es lamentable, porque son campos de conocimiento que inciden de manera directa en una educación emocional e intelectual. “No hay mayor complejidad cognitiva que crear; si un muchacho tiene acceso a la experiencia estética de tomar cualquier instrumento y tocar, tendrá acceso a la belleza”, refiere Miguel Ordóñez.

Tiempos difíciles

Además de un arte, la música es una forma de vivir para quienes se dedican a ella, y un negocio con un poderoso mercado global de millones de dólares, explica el académico.

La industria del entretenimiento aporta aproximadamente cuatro por ciento del Producto Interno Bruto del país; está conformada por tres grandes áreas: grabación, derechos autorales y música en vivo. La desaparición de los formatos físicos, como los discos compactos, y la entrada de nuevos actores como el streaming, provocan crisis a la primera área.

Antes de la pandemia el sector “fuerte” era la música en vivo; iba al alza y los músicos vivían de eso, de tocar. Pero de un día para otro todo se detuvo, subraya.

De acuerdo con el reporte anual de Pollstar, publicación del sector del entretenimiento, a escala mundial el rubro de los conciertos registró pérdidas por 30 mil millones de dólares durante 2020, de los cuales nueve mil 100 millones de dólares correspondieron a boletos no vendidos.

Un número importante de los músicos tuvieron que buscar otros modos de subsistencia; hoy, esa actividad es de las últimas en reactivarse. “Los conciertos en línea nunca substituirán a los que se realizan en vivo”, concluye el docente.